Los juicios rápidos son procedimientos judiciales que permiten resolver determinados delitos de forma más ágil y sencilla.
Se aplican a infracciones penales de menor gravedad, como hurtos, delitos leves de lesiones, conducción bajo efectos del alcohol o estafas menores.
Estos juicios son posibles cuando los hechos son claros, el delito es flagrante y la pena no supera los cinco años de prisión.